Consideraciones en torno a las semis: mucha Garra Charrúa, una Naranja no muy Mecánica, una Mannschaft irreconocible y una España virtuosa.
Por Ángel Molina
Las semifinales nos dejaron como resultado una final inédita: Holanda-España. Los holandeses vencieron a los uruguayos 3 por 2, mientras que los ibéricos derrotaron a los teutones por la mínima (1-0). Ambos encuentros nos ofrecieron retazos de buen fútbol, aunque este Mundial no nos ha ofrecido el brillo y la espectacularidad que en su víspera hubiésemos podido ansiar. Esperemos que los dos partidos restantes sirvan para reivindicar la imagen general que nos ha brindado este torneo.
Uruguay-Holanda (2-3)
Partido muy nivelado, con una selección uruguaya que por momentos pudo imponer el ritmo futbolístico que más le convenía. Situación ésta del equipo sudamericano bastante elogiable, considerando las cuatro importantísimas bajas que sufrieron para este juego: Lugano y Lodeiro por lesión, Suárez y Fucile por amonestación.
Por su parte, los europeos procuraron irse al ataque, apelando al manejo creativo de Wesley Sneijder y a la velocidad y regate de Arjen Robben. Sin embargo, les costó muchísimo amenazar el arco defendido por Muslera. Sólo con un insólito disparo de Van Bronckhorst (minuto 18) pudieron los holandeses irse adelante en el marcador: sólo por un golazo producto de una individualidad, no por claridad y trabajo de equipo.
Ante esta inesperada acción, los uruguayos tuvieron que desarrollar un fútbol más ofensivo. El premio a este cambio de actitud lo obtendrían con otra individualidad: un zapatazo desde la media distancia de Forlán, que le dobló la mano a Stekelenburg al minuto 41 y le daba el empate a los sudamericanos.
Luego del descanso, el partido continuó equilibrado, aunque no tan trabado como en la primera mitad. Pero a medida que transcurrió este tiempo, Uruguay se fue asentando cada vez más, al punto que controló el partido y tuvo mayores y más peligrosas ocasiones de gol que el conjunto holandés.
Sin embargo, en el fútbol también suele intervenir el azar: cuando los uruguayos desplegaban su mejor fútbol, los holandeses consiguieron un gol a cargo de Sneijder, cuyo débil disparo fue desviado por un defensa uruguayo y terminó en la red. Gol ilícito además, por el fuera de juego de Van Persie, quien participó de la jugada tapando y estorbando al guardameta uruguayo Muslera. Corría el minuto 70.
Los holandeses asumieron el inesperado e inmerecido premio como un estímulo para atacar, tornándose más incisivos. El resultado de esto fue que a tan solo 3 minutos del segundo tanto, convirtieron el tercero: espléndido cabezazo de Robben que desmoronaba el buen juego desarrollado por Uruguay hasta esos cuatro fatídicos minutos. Los holandeses incluso pudieron engrosar su ventaja en los siguientes minutos, pero erraron los intentos tendentes a ello.
Uruguay ha sido, en mi humilde opinión, el equipo más luchador, con mayor actitud y carácter, siempre insistiendo y nunca rindiéndose. Y en este partido harían honor a estas cualidades: pese a semejante golpe psicológico, los charrúas buscaron el empate, ofreciéndonos gracias a su ímpetu minutos finales bastante emocionantes. El descuento llegaría a cargo de Pereira, lamentablemente para los uruguayos muy tarde, al segundo minuto del tiempo de compensación. Derrota muy digna, donde la mala fortuna tuvo una cuota fundamental. Y dentro de esa mala fortuna podemos incluir, además de las bajas por lesión, el terrible desempeño de los jueces de línea, quienes no sólo no invalidaron el segundo gol holandés por fuera de juego, sino que también decretaron al menos dos fueras de lugar inexistentes en contra de los uruguayos (en la primera mitad, que representaban dos mano a mano, uno de Cavani y otro de Forlán).
Por supuesto, Holanda pasó no sólo por suerte sino también por méritos futbolísticos. Pese a ciertos errores defensivos y de funcionamiento, por momentos fue más peligroso que su rival y, más importante aún, fue efectivo. Sneijder sigue teniendo un muy buen torneo, aunque no como para cometer la blasfemia de equipararlo con el Cruyff de 1974. Ahora bien, esta selección suele dar la impresión de que en este mundial ha llegado demasiado lejos, más por la fortuna o mediocridad de sus rivales que por contundencia, solidez y nivel futbolístico. Ya veremos de lo que puede ser capaz este conjunto en la final.
Alemania-España (0-1)
Partido de altísima expectación, cuyo ganador sería el mayor candidato a ganar la Copa del Mundo. Asimismo, revancha teutona de la derrota frente a los ibéricos de la final de la Euro del 2008. Los germanos, que venían de aplastar a dos candidatos (Inglaterra y Argentina), ante una selección española que venía de menos a más, y que sólo ganó por la mínima sus dos partidos previos (frente a Portugal y a Paraguay). Pero cada partido es una historia distinta, y ni los ingleses ni los argentinos tienen actualmente el juego colectivo, orden y control de balón de los españoles. En este sentido, se pronosticaba un encuentro bastante equilibrado, con posibilidades de victoria para ambos equipos.
La selección española salió con pretensión de desarrollar su estilo futbolístico: control del balón, toque incesante y presión en la mitad de la cancha. Por su parte, Alemania se comportó de manera más conservadora que en los encuentros anteriores: cediéndole el esférico a los españoles, con un esquema defensivo, a la espera de un error de los vigentes campeones europeos para lastimarlos en el contragolpe.
Y los teutones pagaron caro su estrategia: España se dedicó a controlar el encuentro mediante el dominio casi exclusivo del balón, muy cohesionada y sin cometer errores graves. Todo intento alemán de despojar a su rival de la pelota para armar jugadas ofensivas, era neutralizado tempranamente en la poblada mitad de la cancha. El mediocampo español dictó los tiempos del partido y provocó que los alemanes, pese a intentarlo, no pudieran adoptar la claridad ofensiva y coherencia colectiva exhibida en los enfrentamientos previos. Una característica resaltante del triste desempeño de la Mannschaft fue la recurrente imprecisión de sus jugadores al momento de efectuar los pases, algo totalmente opuesto a lo mostrado en sus actuaciones anteriores.
El mejor momento de los españoles se desarrolló durante el segundo tiempo, donde tuvieron numerosas ocasiones de gol, atacando con mucho peligro, en bloque. De tanto insistir, vendría el gol en una jugada de córner al minuto 72, donde Puyol apareció para cabecear y darle la ventaja a su seleccionado. Vale acotar que en buena medida el merecido gol de España vino por una grave desatención defensiva por parte de los alemanes, quienes descuidaron la marca de Puyol (y también de Piqué, que estaba en posición de empujar el balón), dejándolo cabecear al arco con suficiente espacio y tranquilidad; esto es especialmente irresponsable si consideramos el aviso dado por Tarzán en la primera mitad, donde uno de sus cabezazos casi adelanta a los suyos, y también si consideramos que prácticamente los únicos cabeceadores efectivos de los rojos son precisamente Puyol y Piqué. En fin…
Alemania pagó cara su mezquindad, que nos recordó a su ralentizada y especulativa versión usual, aquella versión calculadora y conservadora, muy distinta a la dinámica y ofensiva versión mostrada hasta este encuentro durante el torneo. Muy por el contrario, España mostró su mejor versión, un conjunto según lo visto encontró la forma armónica, vistosa y efectiva que esperábamos de ellos. Pese al bajo ritmo de algunas de sus figuras y al contraproducente doble pivote del testarudo Vicente Del Bosque, el seleccionado español exhibe finalmente su calidad e identidad. Equipo español que ha venido de menos a más, mejorando a medida que se ha desarrollado la competición. De ser super-candidato, pasó luego de la derrota en su debut a super-decepción; ahora, de nuevo, se han ganado el apelativo de super-candidato a levantar la Copa del Mundo. Esperemos que la arrogancia y displicencia propia del debut no se repitan en la final. Si los ibéricos aprendieron la lección, y no sucede algo extraño, el mundial lo debería ganar España frente a Holanda. Pero ambos se están jugando una oportunidad única, entrar al selecto grupo de naciones que tienen en su haber un campeonato mundial de fútbol. Esto hace a la final interesantísima y abierta. Pero insistimos, España se ve superior a Holanda, y por ende es favorito.
el Molina
El sábado se define el Tercer Puesto, entre unos duros uruguayos y unos alicaídos y desilusionados alemanes. El domingo, se define el Campeón Mundial, entre una crecida España y una intermitente y afortunada selección holandesa.
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