viernes, 11 de junio de 2010

Comentario post-encuentro: Sudáfrica-México

Por Ángel Molina

El partido inaugural del mundial de fútbol nos reflejó nuevamente lo que ya es una máxima redundante en el Deporte Rey: El fútbol es un estado de ánimo.

México comenzó agresiva y motivada, intentando marcar la pauta desde el principio. Pero le faltó lo que ya se anticipaba: contundencia en el ataque. Cuando propuso buen ritmo ofensivo le faltó precisión en los últimos toques y concretar sus oportunidades de gol. Y, como siempre, el que no hace, le hacen: Sudáfrica aprovechó una de sus escasas oportunidades, un contragolpe inmisericorde que finalizó con un golazo de Tshabalala al minuto 55, digno del primer gol de un mundial.

Desde allí, todo cambió: Sudáfrica se creció y por momentos dominó el encuentro, incluso desperdiciando oportunidades para liquidar a la alicaída y desmoralizada selección azteca. Sin embargo, con el ingreso de Guardado y Blanco mejoró el equipo, aunque este último comenzó muy errático y le costó adquirir la concentración necesaria para contribuir con su plantel. Así, con un centro milimétrico de Guardado llegó el gol del capitán Rafa Márquez, al 79.

Luego el encuentro estuvo equilibrado, con ambos equipos con un estado anímico similar. La moraleja: en el fútbol, las oportunidades desperdiciadas se pagan caro, y ambos equipos empataron precisamente por desperdiciar los momentos de dominio que tuvieron durante el enfrentamiento.

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